| |

Aditivos antimicrobianos: plantando cara a bacterias y hongos

phpfCgdfl62c5468cceea1

Los aditivos antimicrobianos son agentes que se añaden en la composición química de ciertos productos: alimentos, cosméticos, pinturas… Su función principal es detener o evitar la proliferación de bacterias y hongos en los propios productos en los que se incluyen o en las superficies donde dichos productos son aplicados. Por ejemplo: en una fábrica de bollería se trabaja con alimento que entra en contacto con diversas superficies. Una buena forma de reducir el riesgo de contaminación en el alimento es revestir las superficies, donde se manipulan los diversos ingredientes, con una capa de pintura antimicrobiana, la cual haría de la superficie, un entorno inhóspito para los microorganismos.

El principal atractivo de estos aditivos antimicrobianos (o additifs antimicrobiens, como se les conoce en francés) es que un solo agente de este tipo es capaz de actuar contra bacterias y hongos a la vez, sin que sea necesario incluir ningún otro ingrediente adicional. Por regla general, los medicamentos antimicrobianos se agrupan en categorías según los microorganismos contra los que luchan. Por ejemplo: mientras que los antibióticos se utilizan en caso de bacterias, los antifúngicos se emplean en caso de hongos. Con un aditivo antimicrobiano como la plata, el cobre o cualquier aditivo antibacteriano orgánico, basta para evitar la aparición de bacterias y hongos.

Otro de los criterios que se siguen en su clasificación es el modo en que actuan contra las bacterias. Según esto,  los additifs plastiques antimicrobiens (aditivos plásticos antimicrobianos) se clasifican en bactericidas y bacteriostáticos. Mientras que los bactericidas se utilizan para eliminar las bacterias, los batceriostáticos impiden su crecimiento. Es decir, los primeros se utilizarían en caso de que ya hubiesen proliferado microorganismos, en tanto que los segundos se aplicarían como prevención a dicha proliferación. Ello depende del modo en que ataquen a la bacteria. Generalmente, los aditivos antimicrobianos (o antimikroben-zusätze en alemán) actúan en las paredes celulares de las propias bacterias. Lo que hacen es atacar al ADN de la misma: dañan su estructura y también, los ribosomas. Así, la bacteria deja de sintetizar las proteínas que la mantienen con vida.

Aunque hay muchas soluciones antimicrobianas, o como se dice en alemán: antimikrobielle lösungen, la plata es de las alternativas más utilizadas. Su campo de actuación es bastante extenso. Se utiliza tanto en productos cosméticos y de higiene íntima y bucal, como en productos de uso industrial. La plata utilizada puede ser en su variedad coloidal, metálica o iónica, formando parte así de medicamentos y productos sanitarios con los que prevenir infecciones y alergias o tratar heridas.

Otros artículos interesantes que puedes leer

De hecho, su empleo se ha venido dando desde la antigüedad, cuando se utilizaba ya como elemento antibacteriano y también fungicida. Sin embargo, es ahora que se ha comprobado que las propiedades que tiene la plata pueden ser también viricidas. Así pues, permite eliminar bacterias Gram +, Gram – , hongos, mohos y levaduras, además de reducir la carga vírica. Todo esto es posible gracias a la sensibilidad de bacterias, hongos y virus ante la toxicidad de la plata. Su eficacia ha sido comprobada en los siguientes microorganismos: E.coli, Legionella, Pseudomonas, Salmonella, S. aure y A. niger.

Sin embargo, aparte de la plata y del cobre, también hay aditivos antimicrobianos orgánicos. Tal es el caso de los biocidas fenólicos, que pueden utilizarse como conservantes, protegiendo los sustratos de la contaminación por microorganismos. En el caso de los compuestos de amonio cuaternario, se implementan en productos de tratamiento desinfectante de superficies.

Para ya finalizar el artículo, respecto al cobre, este se suele incluir en la composición química de muchos sustratos en forma de sales. Sus propiedades como desinfectante son conocidas desde los antiguos egipcios. Su implementación suele darse en pinturas, revestimientos y polímeros (por ejemplo: plásticos como el PVC).