Los investigadores de la MSU, liderados por científicos de la Universidad de Leeds (Reino Unido), han estudiado 31 turberas en el Reino Unido, Irlanda, Escandinavia y Europa continental para evaluar los cambios en la humedad superficial de estos ecosistemas en los últimos 2000 años. El artículo fue publicado el 21 de octubre de 2019 en Nature Geoscience (DOI: 10.1038/s41561-019-0462-z).

Las turberas son un tipo específico de ecosistema de la biosfera caracterizado por una alta humedad, vegetación específica y la formación de capas de materia orgánica no descompuesta (turba). El contenido de humedad superficial de las ciénagas se reconstruyó utilizando el análisis de rhizopodnogo – en los restos de amebas de concha en las capas de turba. El principal objetivo del estudio era comprender si el nivel observado de humedad de los humedales estaba dentro de la amplitud de las oscilaciones observadas durante los últimos milenios y, de no ser así, si ello se debía a la actividad humana.

Se ha descubierto que los humedales han sido drenados sustancialmente en los últimos 200 años, una cuarta parte de los cuales son los humedales menos húmedos en la historia de 2.000 años. Esta tendencia a la desecación está relacionada con el calentamiento del clima, el aumento de la aridez y la influencia humana. Así, el 42% de las turberas encuestadas sufrieron daños significativos a causa de la actividad humana: tala, secado, incendios, pastoreo de ganado. Los datos obtenidos indican que el estado actual de muchas turberas europeas ha superado las amplitudes observadas anteriormente y que los factores antropogénicos han desempeñado un papel importante en ello.

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«La desecación global de las turberas puede transformar estos ecosistemas de un depósito de carbono en una fuente de carbono, lo que puede conducir a un aumento de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera y, en consecuencia, a un aumento del calentamiento climático. Ahora es más importante que nunca conservar las turberas, ecosistemas únicos que son un mecanismo importante para regular el clima en nuestro planeta», comentó uno de los coautores, el profesor Yuri Mazey, de la Universidad Estatal de Moscú.